BRUSELAS.- Europa intenta salir de la crisis de deuda soberana con lentitud. Cada decisión supone un parto difícil casi con fórceps. Sólo la decisión de ayer de recapitalizar la banca con cerca de 100.000 millones de euros para reconquistar la confianza de los mercados puede contarse entre los "bálsamos" tras dos días de reuniones maratonianas en Bruselas.
Ahora, todos esperan a que la canciller germana, Angela Merkel, y el presidente francés, Nicolas Sarkozy, decidan cómo sacar a Europa del bache en el cual está sumida, sin timón claro. Los temas pendientes son demasiados y el tiempo apremia.
"Merkozy", el neologismo acuñado entre bastidores en Bruselas para definir la difícil amalgama entre y Sarkozy, no acaba de entenderse como la "fusión perfecta" de otros tiempos, especialmente de su "época dorada", los años 80, cuando lo integraban el fallecido ex presidente galo François Mitterrand y el ex canciller alemán Helmut Kohl. Se ha logrado, de momento, evitar la quiebra de Grecia, que se anunciaba inminente, para noviembre, pero se trata apenas de un alivio temporal hasta que el "eje franco-alemán" decida superar sus diferencias para salvar el proyecto de moneda única europea, y, por extensión, el proyecto de la Unión Europea (UE).
Hay demasiados flecos que cortar y las fricciones y desacuerdos son patentes. "La imagen que está dando Europa al exterior es desastrosa", admitía el primer ministro de Luxemburgo y presidente del Eurogrupo, Jean-Claude Juncker en relación al maratón de cumbres que se avecina: una hoy y otra el miércoles, que se presenta en Berlín como "la decisiva".
Desde el inicio de esta carrera de relevos para salvar al euro, apenas se han producido avances que permitan augurar un desbloqueo inmediato de la situación. Los líderes intentarán que las cumbres terminen sin ningún resultado que ofrecer a los ciudadanos europeos.
Quien sí puede estar más satisfecho es el ministro griego de Finanzas, Evangelos Venizelos, después de que sus homólogos de la eurozona aprobasen el sexto tramo de ayudas, a partir de los 110.000 millones aprobados el año pasado por la UE y el FMI, para evitar la suspensión de pagos. No obstante, ni siquiera eso se puede considerar un éxito rotundo.
De momento, aparte del "éxito" tras el acuerdo sobre la recapitalización bancaria, la nave de Europa sigue semi-encallada en el mar de los zargazos de la crisis: de hecho, no se prevé un desbloqueo claro de la situación al menos hasta la segunda cumbre de la semana que viene. Quedan no obstante pendientes otros dos nudos gordianos difíciles de cortar: la manera de reforzar el Fondo Europeo de Estabilización Financiera (FEEF), el fondo de rescate al euro, dotado hoy con 440.000 millones de euros, en caso de que -hipotéticamente- España o Italia tuvieran que recurrir a él. Parece que se impone la tesis de que el fondo avale una parte -entre el 20% y el 30%- de las nuevas emisiones de bonos italianos y españoles, la opción por la cual apuestan el Banco Central Europeo y Berlín. En ese sentido, la vicepresidenta económica del Gobierno español, Elena Salgado, comentó que lo ideal sería que los bancos españoles que necesiten más capital, tras las nuevas pruebas de esfuerzo de la Autoridad Bancaria Europea, lo busquen en el sector privado sin recurrir al Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria ni al FEEF.